jueves, 25 de septiembre de 2008

Cómo pelear con los seres queridos


Por P. Modesto Lule Zavala msp



Un día me encontraba fuera de una iglesia y al salir un señor con su esposa comenzaron a platicar y en la plática salió a donde querían ir para comer algo. La esposa le dijo, que a donde él quisiera. El esposo dijo que irían a comer carnitas.

La esposa dijo que no le gustaba la idea porque eran muy grasosas. El esposo dijo otra vez, entonces vamos a comer mariscos. No, contesto la esposa molesta nuevamente, es que son muy apestosos. Como un carajo, ¿pues no me has dicho que vayamos a donde yo quiera? Refuto el esposo ante la negativa de la señora. Pues sí, pero a esos lugares no, reclamó nuevamente la esposa. Tú siempre eres una insatisfecha, repuso el esposo. Nunca se te puede tener contenta con algo. Y tú eres un machista de primera que sólo quiere hacer lo que le agrada y comer lo que le gusta, recriminó la esposa. Mira nada mas, la sencilla, la pobre, la mustia. Si eres una mosca muerta también tú. Reprochó el esposo. ¿Crees que no veo como te portas cuando viene mi mamá a visitarnos? La mosca muerta es tu madre, contestó la señora. Siempre anda husmeando en la casa como si quisiera encontrar algo para nuevamente reprocharte que yo te engañe desde que éramos novios. Con mi madre no te metas, le reclamo el marido. Porque si a esas vamos creo que tiene mucha razón en lo que me dice, ya que Luis en nada se parece a mí, y Rosita no me acepta por tu culpa, no sé qué diantres le has contado que ya no me quiere. Empiezo a sospechar que es cierto todo eso que me dice mi madre. 

La esposa ya un tanto enojada, le gritó, pues si tanto la extrañas y tanto le crees, porque no le haces caso y te vas con ella. A ver si con sus guisos no te sale urticaria como la que te sale con los míos. Tanto me estas fregando todos los días con lo de la comida, y que no sé hacer de cocinar que ya me hartaste.

¿Quién no se ha enojado o discutido en algún momento? La etimología de la palabra discutir es esta: El prefijo dis- en latín significa s “separación”. La palabra discutir viene del latín “discutiré”, y este es derivado de “quatere” que significa “sacudir”. Es decir, “discutir” significa sacudir algo para separarlo. Eso es lo que hacían los antiguos Romanos con las plantas, para separar las raíces de la tierra y ver si las raíces eran sólidas. Es lo mismo que se hace cuando se discute, se sacuden las palabras para ver si el argumento está sólido. Hemos discutido con muchas personas y creo que lo seguiremos haciendo por mucho tiempo. Lo hacemos con personas muy queridas y no tan queridas, con conocidos y desconocidos, pero siempre habrá momentos para hacerlo.
No es tan malo enojarse. No podemos llegar con el confesor y decirle, padre me confieso de enojarme. El enojo como tal no es pecado, lo malo es que este enojo se convierta en cólera y rabia por aquella persona que al final se le llega a tener un odio extremo. Puede ser el caso de una persona que no le habla a su hermano desde hace 5 años porque se enojaron. O puede ser el caso de un esposo que no le habla a su esposa desde hace un mes porque se enojaron. O peor aun de aquel que hasta manda matar a otro porque siente un odio tremendo porque se enojo en algún momento. El la Biblia encontramos una exhortación de san Pablo que dice así: “Si se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día. No le den oportunidad al diablo”. Efesios 5, 26-27 (Biblia Misionera) No es problema enojarnos, sino dejar que ese enojo transcurra por todo el día y se mantenga así por mucho tiempo y dicho sea de paso, que nos lleve a hacer cosas negativas en contra de la otra persona.

Hace mucho asistí a una conferencia que se llamó: Cómo pelear con los seres queridos, y fue muy aleccionadora ya que me miré desvelado ante las situaciones que presentaba el conferenciante. Y pude notar que así como el decía yo también me comportaba en muchas ocasiones. Me dio pena que me hayan revelado mi yo interior ese día y desde entonces trato de dominar mi ira. Trato también de aplicar varios puntos que te voy a mencionar el día de hoy esperando puedan ser de mucha utilidad para con tus relaciones con los demás.

Primer punto: Debemos discutir a solas. No hacerlo cuando nos ven los demás o estamos en medio de una fiesta. El orgullo crece de una parte y de la otra y lo único que se intenta es humillar al otro para no salir nosotros humillados. Buscar un lugar y un tiempo para discutir las cosas. Eso es lo peor que puede suceder en las personas que cuando el conflicto se empieza a dar y hay personas a nuestro alrededor siempre buscamos dejar en mal al otro. Simplemente los orgullos crecen.

Segundo punto: No encender la ira de terceros. Es muy clásico que cuando hemos discutido con una persona siempre buscamos a otros para contarle lo sucedido y presentarnos como blancos corderos y las pobres victimas. Y lo peor de todo es que en ocasiones llegamos a aumentar las cosas que nos pasaron para dejar en mal a la otra persona. Actuamos como los ofendidos y los más grandes ilusionistas del mundo al presentar algo que muchas veces no existió. Y lo peor de todo es que muchas veces encendemos la ira de otros contra esa persona con la que nos ofendimos. La esposa o el esposo corren con su mamá y le cuentan todo lo que les han hecho y ahora los de los problemas son tres y no dos como al principio.

Tercer punto: Discutir una sola cosa a la vez. Cuando se comienza una discusión se calienta la sangre y el enojo hace que se piensen más cosas de las que se tenían en un principio y por lo mismo hace que no se estructure una forma de diálogo y así se sacan cientos de puntos en una sola discusión. Así como la pareja que salió de la iglesia comenzó con un punto y terminaron con más de 6 puntos discutidos sin llegar a una solución. Debemos recordar que muchos problemas a la vez hacen un monstruo de mil cabezas imposible de dominar. Hay muchas personas que les gusta dar vueltas y vueltas a la misma cosa parecen huracanes, haciendo destrozos con la misma cosa dándole vuelta y vuelta. Pareciera ser que terminaron una cuando ya otra vez han regresado a la misma. Discutir un punto a la vez es lo justo.

Cuarto punto: Quemar la libreta de cuentas pendientes: No guardar las ofensas para poder sacarlas y utilizarlas como armas en un futuro. Hay tipos de personas que las utilizan para escudarse de ciertos errores y practicas negativas. Estoy recordando una anécdota, una leyenda árabe que dice que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: "Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro". Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, y le salvó su amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: "Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida". Intrigado, el amigo preguntó: "¿Por qué después que te pegué escribiste en la arena y ahora en cambio escribes en una piedra?". Sonriendo, el otro amigo respondió: "Cuando un amigo nos ofende, debemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y a pagarlo. Pero cuando nos ayuda, debemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento podrá borrarlo". El que tenga oídos que escuche.

Quinto punto: Jamás apuñalar la relación. Es decir, nunca mencionar actitudes extremas como la de: Me voy; no te aguanto más; hasta aquí llego lo nuestro; esto se acabó; mejor muérete. Todo esto son actitudes extremas que en una relación nunca deben decirse ya que quedan marcadas en la persona y sólo dejan un amargo sabor de boca por mucho tiempo. Los resentimientos invaden al hombre y lo neutralizan. Por eso nunca llegar a puntos extremos.
Espero y te haya servido leer este mega escrito y que a su vez te haya gustado.




Hasta pronto
Y que Dios te bendiga.



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1 comentario:

coto dijo...

Recuerdo que desde niña cuando me enojaba me encerraba en mi pieza y lloraba, me ponía a discutir con Dios lo culpaba, lo retaba, le pedía explicaciones y cuando Él me las daba no me gustaba, porque me mostraba justo el punto en que yo había ocasionado la discusión... a veces pedí disculpas y otras dejé que el tiempo pasara y todo se restaurara.