jueves, 25 de septiembre de 2008

¿Y tú a quién imitas en esta vida?


Hace poco escuchaba algunos comentarios a la película de Batman. Mencionaban que su éxito se debía a la forma de adecuarse a los tiempos que vamos viviendo. Se sabe meter en la psicología de las masas y sabe llegar también por la moda que está de paso. Reflexionaba yo al respecto de ese comentario y pensaba que somos lo que las modas quieren que seamos.
Nos vestimos en algunos momentos conforme a lo que nos muestran. Recuerdo ahora a unos primos míos que hace muchos años se fanatizaron tanto con el actor Sylvester Stallone que hasta buscaron una gran cantidad de posters de sus personajes de las películas y tapizaron su cuarto. Llegó un momento que vestían unos pantalones parecidos a los de su película de Rambo. En otro momento fue la época del box con el personaje de Rocky. Y así conforme pasaron sus temporadas cambiaron de peinado, del vestir y hasta la forma de hablar. En su mayoría estos personajes famosos dictaminan la moda que debe ponerse en boga. Una prueba clara fue el fenómeno “rebede” en nuestro país y en partes del extranjero. Su forma de vestir y su forma de hablar marcaron una etapa de la adolescencia. Pero también hay aquellos que acuden largas horas al gimnasio para tener la misma figura de su ídolo. O las que se abstienen de comer para ser delgadas como alguna actriz o modelo. Otro aspecto son los peinados modelados con gel, o totalmente libres sin ningún tipo de cuidados. Y yo mismo me acuso que cuando era más pequeño miraba las películas de karate y de inmediato cambiaba mi semblante y mi forma de caminar. Era chistoso ver como salíamos del cine en aquellos años después de ver una película de Bruce Lee, caminando un tanto extraño y con las manos medias abiertas esperando cualquier señal para lanzar nuestro mejor movimiento.

Lo más negativo de todo esto es que llegamos a pensar que la fama y el dinero lo es todo y pensamos que por ser reconocido en todas partes y salir en diferentes medios es totalmente feliz. Ese es el indicio principal por el cual queremos imitar a los famosos. Queremos ser como ellos porque pensamos que son felices. Dinero, fama, mujeres, y todos los lujos habidos y por haber son los que rodean a estas personas y por verlas siempre sonriendo pensamos que son felices y así buscamos una similitud en nuestras vidas. Pero no todos ellos nos han demostrado que son felices por supuestamente tenerlo todo en la vida. Muchos famosos se han suicidado por no tener lo más importante y lo que nos hace verdaderamente felices. Lo tenían casi todo a excepción del amor. Marilyn Monroe puso fin a su vida el 5 de agosto de 1962 con una sobredosis de barbitúricos. La bella checa Miroslava Stern, se suicidó a los 29 años. Pedro Armendáriz Hastings se disparó a los 51 años de edad. El famoso vocalista del grupo Nirvana: Kurt Cobain se suicidó el 5 de abril de 1994, a los 27 años. Elvis Presley, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Jerry Garcia, Sid Vicious y muchos más también subieron al tren que ya no tiene regreso.

Hace muchos años escuche una anécdota de un padre que estaba de misión en África. Son de esas anécdotas con mucho mensaje pero que sólo se conocen por aquellos que las escuchan y las trasmiten ya que casi nunca se escriben. La anécdota data más o menos así: El sacerdote tenía que trasladarse de una tribu a otra caminando entre la selva. Siempre lo acompañaba un nativo de aquel lugar. Un día su guía no llego a lugar donde habían quedado y el sacerdote tenía la necesidad de llegar a otro lugar para oficiar misa con los habitantes. Así que se aventuro y comenzó a caminar por las veredas que recordaba. Había muchas y casi todas parecidas. Árboles, hierba, palos secos y más hierba. Entre tantos caminos tomó uno que le parecía conocido. El tiempo que tenía que caminar era una hora aproximadamente y ya llevaba más de dos horas caminando y no podía ver el final. Así que regreso por donde había venido y tomó otro sendero. Tardo más de hora y media y al no ver el poblado que buscaba se regreso nuevamente. Cuando llegó a donde había comenzado encontró a un nativo del lugar y le pidió ayuda. El nativo comenzó a caminar para llevarlo a su destino. Cuando iba caminando el sacerdote le preguntó: Entre tantos caminos en la selva ¿cómo sabes cuál es el camino que debemos tomar? El nativo miro al sacerdote y con una sonrisa en sus labios le respondió: Es que aquí en la selva yo soy el camino. Así este sacerdote pudo llegar a su destino. Jesús en la Biblia nos dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6) El hombre mientras está en este mundo está en busca de la felicidad, busca ser feliz, pero muchas veces se equivoca al tomar los caminos fáciles. Jesús es el camino para tener felicidad y para imitarlo no hay necesidad de vestirse como él ni hablar como él. Sólo hace falta que hagamos lo que nos dijo y conseguiremos una vida en plenitud.

Dependiendo de cómo estemos en este momento va a revelar a quien estamos imitando.

¿Y tú a quién imitas en esta vida?

2 comentarios:

pedro amaury dijo...

pues mas que imitar se llama enajenacion hacia alguna cosa o objeto o humano ,ojala y recuerdes el medievo y veras de que forma estaba enajenada la sociedad en aquel tiempo. la felizidad no se consigue por quien seguir o que doctrina teologica seguir , si no por la plena realizacion del humano libre de opresiones y de todos los humanos del mundo libres de dogmas y aun asi es un camino largo para buscar lo mas grato de la razon la felizidad ! .saludos camarada

coto dijo...

Creo que ser auténtico es algo que no tiene mucho valor en este mundo y creo que esto se da porque no nos conocemos, ni nos valoramos, entonces ya no me refugio en lo que soy, sino en lo que los otros son, eso me lleva por distintos caminos pero siempre fuera de mi.
Yo recuerdo que siempre cuando veía novelas en la tv me fijaba como comían, se saludaban, hablaban y hasta como se sentaban los actores y eso si que me sirvió
me modelaron. Seleccionaba siempre lo que era digno de imitar. Eso es por gracia de Dios.