martes, 3 de agosto de 2010

NO SABEMOS DECIR LAS COSAS

Hola, ¿cómo andas en la vida, cómo estás? Yo ando bien, muy bien. Esa es la respuesta correcta. Creo que a veces somos muy limitados al dar nuestras respuestas. Por ejemplo, si nos preguntan cómo estamos, respondemos: bien. Pero no decimos, si bien mal, o muy bien.
Algo curioso me pasaba cuando andaba en la misión por allá en Saltillo Coahuila y les decía a las personas en el momento de las preses o cuando hacíamos peticiones dentro de una celebración de la palabra: ahora es el momento para pedir por algún ser querido o hacer una petición de alguna necesidad personal, háganla en voz alta, y las personas decían: por mi mamá, por mi suegra, por mi esposo. Yo en cierto momento les pedía que fueran más claros al momento de hacer su petición, ya que no sabíamos que era lo que pedía. En broma yo les decía: qué tal si ustedes dicen en voz alta, por mi suegra y con la voz más baja o en el pensamiento dicen: para que se muera pronto, y nosotros que no sabemos cuál fue la petición completa decimos: te lo pedimos Señor. No faltaba quien sonreía conmigo por lo que había dicho y por saber que era cierto. Pero volviendo otra vez al punto, no somos claros al decir las cosas y eso nos afecta mucho en nuestras relaciones personales. Cuando hablo por teléfono y alguien me contesta del otro lado, espere un segundo, yo le digo: uno, ya paso el segundo. Bueno, ey, ya pasó el segundo, ¿anda alguien del otro lado? Oiga, ya paso el segundo. Y no tarda un segundo en contestarme. Es mejor decir, espere un momento porque no sabemos cuánto puede tardar. O el error que cometemos muchos al decir si, por no querer decir no. Aunque uno sabe que no podemos pero decimos que si a tantas situaciones de la vida diaria. Tratemos de ser más claros en nuestras palabras para no disgustarnos tan seguido.

En estos días escuche un chiste con moraleja. El chiste ya lo había escuchado, pero no de quien lo escuche y se me ha quedado muy presente en mi mente. Dice que un flamante novio tuvo que ir a la guerra. Quería tanto a su novia que cada semana le mandaba una carta donde le decía como estaba y cuanto la quería. Pasó un año y después de muchas cartas recibidas por parte de su novia recibió la última donde le decía: Estimado Alberto. Creo que el tiempo ha pasado y las cosas han cambiado. Yo ya no soy la misma de antes y mi amor por ti también cambio. Te pido que me perdones, pero ya no deseo seguir siendo tu novia por carta. Estoy a punto de casarme y ya no deseo tener problemas con mi futuro esposo por razón de tu correspondencia. El soldadito muy confundido escribió una de las últimas cartas a su novia donde le preguntaba a su novia que con quien se iba a casar. Ella le contesto la carta de inmediato y le dijo: con el cartero.

Moraleja, de la vista nace el amor. Sólo si frecuentamos y vemos más continuamente a alguien podemos llegar a enamorarnos. Y este chiste no fue dicho por hacer alarde de un buen noviazgo entre dos personas, sino por querer hablar de la relación hombre y Dios. No podemos decir que queremos a Dios si no lo frecuentamos continuamente y platicamos con Él. Ahí se encuentra Jesús en el sagrario y no vamos a platicar con Él. Tenemos más tiempo para otras cosas menos para Dios. De la vista nace el amor. Si deseamos tener una relación más cercana con Dios debemos frecuentarlo más seguido. Así concluía diciéndonos un sacerdote italiano al finalizar su chiste. Nunca me lo hubiera imaginado contar ese chiste a este sacerdote. Ya sabrán de quien estoy hablando para los que conocen a los MSP.

Hasta pronto.
Att. Modesto Lule
Mi correo:
teologomsp@gmail.com

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