miércoles, 1 de diciembre de 2010

Pisar donde Cristo piso

Me acuerdo de una anécdota allá cuando yo era muy niño y vivía con mis padres en aquel hermoso ranchito que me vio crecer. Resulta que en aquellos tiempos mi papá tenía una enfermedad un tanto grave y se ponía enfermo cada fin de semana o cuando había dinero en su bolsillo. La enfermedad que tenían en aquel entonces se llama alcoholismo. Ya gracias a Dios y a su fuerza de voluntad salió de esa situación. No recuerdo la cantidad de años que ya lleva sin tomar pero anda por los diez o más.
Pues bien, llegó un fin de semana y mi mamá un tanto preocupada por mi papá y por el dinero que traía, ya que ese era para el gasto de la semana, me mando buscar a mi papá a los lugares que el recorría cuando le pegaba esa enfermedad. No lo encontré en las tres tiendas que él frecuentaba cuando se tomaba sus cervezas. Llegue con mi mamá y le avise que no estaba en esos lugares. Me cruzo por la mente que a lo mejor estaba con un tío que vivía un poco retirado de la casa. Y le dije que a lo mejor estaba con ese tío. Ella me propuso que fuera a buscarlo y si estaba por allá, que allá me quedara con él, y si no que me regresara. Yo acepte la propuesta ya que en aquel tiempo era un tanto goloso y siempre que llegaba a una tienda y mi papá estaba ahí yo pedía varias cosas y dejaba que él las pagara. Pues bien, emprendí el viaje y llegue a ese lugar. Busque en la tienda cercana a la casa de este tío y no tarde en divisar a mi papá con otros amigos. Llegué a donde estaban ellos y sin saludar ni nada me senté muy cerca de ellos. Los acompañantes como no me conocían se me quedaron viendo medio raro. Mi papá les menciono que yo era hijo suyo. Y siguieron platicando como si nada importante hubiera pasado. Yo pedí mi refresco y mis papitas para botanear mientras ellos tomaban sus cervezas. Mi papá sólo se me quedo mirando y comprendí que no le había agradado que yo volviera a repetir la misma hazaña de siempre. En esa misma tarde calló una lluvia torrencial. La brisa comenzó a soplar y el frio se sentía de una manera fuerte. Mi papá y sus acompañantes decidieron dejar de tomar ya que no se antojaba tomar cerveza con ese frio. Esperaron a que se quitara la lluvia y nos alejamos de esa tienda. El camino que teníamos que recorrer blanco, ya que estaba conformado por el tipo que le llaman tepetate. Mi papá tomó la delantera y comenzó a caminar. Detrás sus compañeros de parranda los seguían fielmente. Era obvio que continuamente metieran sus pies a los charcos de agua. Todo esto por dos motivos, el primero era porque no iban en sus cinco sentidos y el segundo porque la tierra era un tanto blanca y esa noche había luna llena y ella misma se reflejaba en los charcos de agua y se confundían los charcos con la tierra. Así, varias veces metieron sus pies al agua por confundirla con el suelo. Yo por mi parte seguía limpio y mi papá se dio cuenta. Pronto me llamó y me dijo, tú vete por delante y nosotros te seguimos. Así que yo era el guía en esa noche de regreso a casa y mi papá y sus compañeros pisaban donde yo pisaba para evitar caerse al agua. A veces brincaba, y otras veces caminaba por una parte muy pequeña como si fuera un equilibrista. Esa noche pudimos llegar a casa más limpios que si hubieran seguido con los mismos pasos que traían. Seguir a Cristo significa eso, pisar donde él pisó. Esto que digo es sumamente arriesgado y difícil. Muchos ya no creen en el cristianismo por la forma de vida de algunos. El mismo Mahatma Gandhi mencionó que a él le convencía el cristianismo, pero lo desilusionaban los cristianos, por eso no se bautizó como cristiano. Europa se decía cristiana pero oprimía al los pueblos y los esclavizaba. Gandhi no entendía eso de los cristianos y muchos de nosotros a veces no comprendemos lo que significa ser verdaderos cristianos. Pensamos que ser cristianos es llevar solamente una cruz al pecho, o entrar a un templo cada domingo, o tener imágenes de santos por todas partes. Pero en la práctica se nos escapan muchas cosas y no hacemos el esfuerzo de pisar donde Cristo pisó. Que Dios nos conceda ser fieles seguidores de Cristo hasta el momento cuando recibamos su llamada. Nos vemos después. Dios los bendiga. Hasta pronto. Att. Modesto Lule Mi correo: teologomsp@gmail.com