sábado, 9 de noviembre de 2013

Origen de la letanía en el santo rosario. Podcast y escrito


Compilación por P Modesto Lule Zavala msp


El término letanías, usado en plural en lengua latina y en la mayor parte de las lenguas romance, proviene del griego (litaneia litaneia = oración, súplica) y tiene un sentido general de oración y, más específicamente, de súplica u oración de intercesión. Esta oración no es propia del rosario. De hecho ya viene realizada de diversas maneras, en la Sagrada Escritura. Entre los textos del Antiguo Testamento los estudiosos recuerdan el “estribillo letánico” del Salmo 118,1-4:

Den gracias al Señor, porque él es bueno,
porque su amor es eterno.
Que digan los israelitas:
    «El amor del Señor es eterno.»
Que digan los sacerdotes:
    «El amor del Señor es eterno.»
Que digan los que honran al Señor:
    «El amor del Señor es eterno.»

O bien, citan el Cántico de los tres jóvenes en el horno (Dn 3, 52,90) que presenta un marcado ritmo letánico, ya sea en la primera parte como en la segunda parte de cada versículo:

Sol y luna, bendigan al Señor,
glorifíquenlo por siempre con cánticos.
Estrellas del cielo, bendigan al Señor,
glorifíquenlo por siempre con cánticos.
Lluvias y rocíos, bendigan al Señor,
glorifíquenlo por siempre con cánticos.
Vientos todos, bendigan al Señor,
glorifíquenlo por siempre con cánticos. ( Dn, 3, 62-65)

Los orígenes de las letanías que conocemos del rosario se remontan a los primeros siglos de la cristiandad. Las letanías eran súplicas dialogadas entre los sacerdotes y los fieles, y se rezaban sobre todo en las procesiones. Aunque al principio eran dirigidas sólo a Dios (en súplicas) se añadieron con el tiempo invocaciones a santos y sobre todo a la Virgen María (en intercesiones) usadas a partir del siglo VII por la iglesia. Era un rezo separado del rosario en sus inicios. La composición de letanías marianas siguió la línea de las generales y de las de los santos.

Las más antiguas letanías a María propiamente dichas se encuentran en un códice de Maguncia del siglo XII titulado Letania de Domina Nostra Dei genenetrice Virgine Maria. Ora valde bona, cotidie pro quacumque tribulatione dicenda est, con alabanzas largas y en cada verso repitiendo el Sancta Maria.

En el siglo XV y XVI las letanías marianas empezaron a multiplicarse. Por el año 1500 fueron creadas una serie de letanías en el santuario de Loreto, Italia. Hacia 1575 surgen unas nuevas letanías lauretanas conocidas como "modernas" con alabanzas puramente bíblicas, que se hicieron tan populares que las primeras versiones fueron pasadas a segundo plano. El Papa Sixto V las aprobó en 1587 e incluso les dio indulgencias. Hacia el siglo XVII la situación se hizo exagerada, en Loreto se tenía una letanía para cada día de la semana y no era el único caso. En 1601, con el decreto Quoniuam multi del 6 de septiembre, el Papa Clemente VIII prohibió todas las letanías que existían con excepción de las incluidas en el Misal y el Breviario y también las del santuario de Loreto, de ahí su nombre de “lauretanas”.

El Papa Paulo V, en 1503, ordenó que se cantasen en la basílica romana de Santa María la Mayor en festividades de la Virgen María. Los dominicos, en 1615 ordenaron que se recitasen en todos sus conventos después de sus oraciones de los sábados.

Pero fue el Papa León XIII el 1 de septiembre de 1883, quien recomendó concluir durante el mes de octubre (mes del Rosario) la recitación del Rosario con el canto de las letanías lauretanas, aquellas propias del santuario de Loreto. Con ello se pensó que las letanías eran parte del rezo del Rosario, cuando en realidad son un acto de culto por sí mismas.  Recordemos que estas eran usadas para rendir un homenaje a la Virgen, ya sea en una procesión o como parte de la misa. Con el paso del tiempo se han quitado algunas y agregado otras.

La letanía en el rosario comienza con letanías dirigidas a Cristo y a la Santísima Trinidad. Solamente a Dios se le pide misericordia. Después se sigue con las letanías a María. A María se le invoca para que ruegue por nosotros.

Estas son algunas de las letanías que se han agregado con el paso del tiempo.
- León XIII añadió: “Reina del Santísimo Rosario” y “Madre del Buen Consejo” 
- Pío IX añadió: “Reina concebida sin pecado original”
- Benedicto XV añadió: “Madre de la paz”
- Pío XII añadió: “Reina asunta a los cielos”
- Pablo VI añadió: “Madre de la Iglesia”
- Juan Pablo II añadió: “Reina de la familia”

La súplica reiterada de las Letanías no tiene nada que ver con el tipo de “oración” que Jesús otorgó en custodia a sus discípulos: «Al orar, no hablen mucho como hacen los paganos, creyendo que Dios va a escuchar todo lo que hablaron» (Mt 6,7). Al recitar las Letanías, el orante no cree que será congraciado en virtud de la eventual magnificencia de las invocaciones ni por un poder mágico. El orante multiplica las invocaciones porque en él sobreabunda la admiración y el amor: alaba porque ama; suplica porque se reconoce pecador y necesitado de misericordia, y repite la imploración porque tiene confianza en la paciente bondad de la persona a quien se dirige. La repetición letánica no es un ansioso llamar de parte del orante a la puerta cerrada, con el temor que le permanezca cerrada; sino es un llamar sereno, lleno de confianza, de calma en la espera, de certidumbre que esa puerta está por abrirse, porque el Señor dijo: «Llamen, y Dios les abrirá»
(Lc 11,9). Tal vez la imagen que mejor representa el romper el nudo en la invocación letánica es la de un río que fluye lentamente, atravesando paisajes de diversa belleza, para desembocar en un mar inmenso.




Hasta la próxima.






1 comentario:

coto dijo...

Muy bueno. Gracias.