sábado, 19 de abril de 2014

Una nueva creación


Por P. Modesto Lule Zavala msp




No hace falta ser muy inteligente para darnos cuenta que los tiempos en que vivimos no son óptimos. La violencia abunda en todas partes del Mundo y esto a consecuencia de nuestro distanciamiento con Dios. La mayor parte de nuestra vida nos la pasamos en la fiesta, la diversión, la distracción, en la apatía. 

La Iglesia presenta este tiempo para poder meditar y reflexionar la vida, muerte y resurrección del Hijo de Dios y con el miércoles de ceniza inicia este tiempo de penitencia. Muchos católicos y no católicos acuden a dicha imposición en un acto considerado de “sacralidad” incluso mucho más importante que el propio sacramento de la confesión. 

Para algunos hablar de cuaresma es hablar de vacaciones. Dentro de este mismo tiempo se celebra el sábado de Santo. En este día muchos salen a mojarse a las calles sin saber el origen de esta acción que no es propiciada ni originada por la Iglesia, pero que sin ningún problema se ha conservado a lo largo de los años, muy a pesar de que algunos gobiernos ya han castigado a los que desperdician el agua con el único motivo de divertirse. 

Antiguamente los cristianos católicos asumían el tiempo de cuaresma como un tiempo fuerte de reflexión y penitencia, tanto así que omitían bañarse durante este tiempo, por lo mismo cuando llegaba la Misa del domingo de Ramos y se reunía todo el pueblo en un mismo lugar para disminuir los malos olores provocados por no bañarse a los ramos que se iban a bendecir en esa Misa, le adjuntaban plantas de olor, algo que aun en nuestros tiempos se hace pero sin saber su origen. Con esta acción penitencial de no bañarse, llegado el sábado de gloria urgía que la gente tomara un baño y muchos ayudaban a los transeúntes mojándolos al pasar cerca de sus casas. Los mismos huevos de pascua pueden tener sus orígenes en estas fechas de extrema penitencia y sacrificio que vivieron nuestros pueblos hace muchos años. Al privarse de trabajos y de actividades físicas evitaban ciertos alimentos entre ellos el huevo, la carne y otros muchos más que se ofrecía como penitencia. Y para que la comida no se echara a perder, en el caso común de los huevos, se hervían y terminada la misa del domingo de Resurrección se otorgaban a las personas para que estos se consumieran. 

Hoy en la actualidad han llegado a extremos haciendo estos huevos de chocolate y colocando a un conejo como el centro más importante de esta fecha. Así muchas distracciones residen en nuestras comunidades cristianas y lamentablemente la penitencia, el sacrificio y por ende la resurrección se han evaporado de nuestros objetivos principales de los tiempos de Cuaresma y Pascua. El Mundo está necesitado de hombres que habiendo muerto al pecado resuciten para dar vida y esperanza a todos aquellos que sufren por causa de los que están alejados de Dios y llegan a ser capaces de extorsionar, secuestrar, violar, ultrajar, despojar y arrebatar la vida de sus mismos hermanos. Personas sin conciencia, sin sensibilidad, con mucha soberbia y ambición en sus corazones. Necesitamos morir al pecado y resucitar  en Cristo buscando ser verdaderos cristianos comprometidos con los valores universales, el amor, la caridad, la generosidad, la paciencia. Es tiempo de dejar la diversión y asumir la reflexión para poder llegar a convertirnos en verdaderos hijos de Dios y transformar el Mundo para cuidarlo y hacer de él un Mundo lleno de paz. 



Hasta la próxima.




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